martes 24 de abril de 2007

¡TERREMOTO Y MAREMOTO EN AYSÉN!

La región de Aisén es una zona con baja frecuencia de eventos telúricos comparada con el resto del país, pero posee una importante presencia de actividad volcánica, como es el caso del volcán Hudson, cuya última gran erupción producida en 1991 fue la segunda más violenta en la historia vulcanológica nacional. La zona geológicamente es atravesada por la falla Liquiñe-Ofqui, que nace en la triple unión de las placas Sudamericana, de Nazca y Antártica, ubicada cerca de la Península de Taitao.
Desde el
23 de enero de 2007, una serie de temblores de IV grados en la escala de Mercalli y uno de 5,3º en la escala de Richter comenzaron a afectar la región de Puerto Aisén y Puerto Chacabuco. Algunas personas sintieron olor a azufre, lo que generó especulaciones de una nueva erupción del Hudson. Los expertos descartaron rápidamente la posibilidad de un evento volcánico, pero la seguidilla de temblores continuó: en menos de un mes se registraron cerca de 950 sismos perceptibles por la población y uno de estos, de grado VI según Mercalli, habría comenzado a acentuar el pánico en los habitantes. Ante dicha situación, el gobierno envió un grupo de especialistas de SERNAGEOMIN durante febrero de 2007 a estudiar el origen del enjambre telúrico. Estos especialistas entregarían un informe en el que se detectaba una alta actividad magmática a menos de 9 kilómetros de profundidad en la corteza terrestre, bajo el fiordo Aisén a 20 kms de distancia de Puerto Chacabuco. En ese punto, de acuerdo a los estudios, se estaría gestando un volcán submarino cuya erupción sería un hecho científicamente novedoso y único debido a sus características.
La serie de eventos telúricos se mantuvo durante los meses siguientes y comenzó a acentuarse nuevamente en
abril de 2007.
Cronología de la actividad sísmica en Aisén en 2007:

22 de enero: Primer movimiento sísmico con intensidad II en la escala de Mercalli.
23 de enero: Segundo sismo, grado V en la escala de Mercalli.
24 de enero: Prosiguen los temblores. La Onemi declara estado de Alerta Temprana.
27 de enero: Se contabilizan alrededor de 100 temblores en seis días.
30 de enero: ONEMI afirma que el epicentro es submarino y que se encuentra en el fiordo de Aisén.
1 y 2 de abril: Dos nuevos temblores, de VIII grados en la escala de Mercalli.
19 de abril: Sismo de grado VI en la escala de Mercalli.
21 de abril: El mayor sismo hasta ahora, de grado VIII Mercalli.

Características del sismo

Mapa de intensidades del terremoto, confeccionado por la USGS (Ver Imágen Principal).
El sismo ocurrió a las 13:53:47 hora local (
UTC-4) y tuvo una magnitud de 6,2º en la escala sismológica de Richter. El epicentro se ubicó en las coordenadas 45.266° S 72.496° O, cerca de 20 kilómetros al noreste de Puerto Aisén y 45 kilómetros al noroeste de Coihaique, la capital regional. El hipocentro tuvo una profundidad de 38,1 kilómetros.
La intensidad en la
escala de Mercalli según la ONEMI fue la siguiente en diversas localidades:

Puerto Aisén: VII
Puerto Chacabuco: VII
Coihaique: VI
Balmaceda: V
Cochrane: IV

Efectos

El terremoto provocó conmoción en las diferentes ciudades de la región. En las localidades no se presentaron situaciones graves y se reportó una alta concurrencia a centros asistenciales, por lo que fueron reforzadas la posta de Puerto Chacabuco y el Hospital de Aisén. En el cerro Marchant, localizado en esta última ciudad, se produjeron derrumbes que afectaron a dos viviendas, mientras que en el sector Aguas Muertas de la misma ciudad, cayeron 3 postes del tendido eléctrico. Los servicios eléctrico y de agua potable sufrieron cortes en algunas ciudades, los que serían repuestos en las horas siguientes. El Puente Presidente Ibáñez sobre el río Aisén habría presentado algunos problemas, los que serían corregidos rápidamente.
Los grandes problemas se produjeron en la zona costera adyacente al fiordo. El sismo sumado al derrumbe de algunos cerros costeros provocó
marejadas que superaron los 6 metros de altura, arrasando con diversas viviendas aledañas en la zona de Punta Tortuga. Aunque más de 50 trabajadores pesqueros lograron ser evacuados en embarcaciones, 10 personas se encontraban desaparecidas al anochecer, algunas de las cuales fueron arrastradas por las olas. Dicha situación habría sido presenciada por algunos medios de comunicación, el alcalde de la ciudad y su comitiva, dentro de la cual estaban dos de los arrastrados.
Al día siguiente, con apoyo de
Carabineros y el Ejército, se iniciaron las labores de búsqueda de los desaparecidos. Hasta el momento, se ha reportado que 5 cadáveres han sido encontrados.
La
Presidenta Michelle Bachelet arribó a la zona de catástrofe al mediodía del 22 de abril, junto al ministro del Interior, la directora de ONEMI y el director general de Carabineros. En el aeródromo de Puerto Aisén fue recibida por una manifestación liderada por el alcalde de la ciudad, Óscar Catalán. Producto de incidentes durante la manifestación, el alcalde fue detenido por Carabineros, siendo liberado algunas horas después. La mandataria anunció un plan de acción para poder ayudar a las víctimas del terremoto, entre las que se encuentran reforzar las labores de los centros asistenciales de salud y apoyo a los pescadores artesanales a través de la Subsecretaría de Pesca.

domingo 8 de abril de 2007

Calentamiento global: Mitos y realidades.


Opinión de Sebastián Piñera:

Años atrás, la revista "Times" publicó un reportaje de portada titulado "Salvemos al Planeta Tierra". Me pareció un título presuntuoso y que inducía a un error. Lo que está en riesgo no es el planeta Tierra, que en sus cuatro mil 600 millones de años de vida ha resistido todo tipo de catástrofes y amenazas: meteoritos, glaciaciones, terremotos, calentamientos, diluvios, etcétera. Lo que realmente está en peligro es la supervivencia del ser humano, que todavía no cumple dos millones de años de existencia, y desde ese punto de vista, es un recién llegado. De hecho, casi el 99% de las especies que alguna vez han existido ya no están. La pregunta es si el hombre se va a incorporar a esa inmensa mayoría que no supo o no pudo sobrevivir.

Es cierto que a primera vista la evidencia sobre los efectos del calentamiento global parece confusa. Existen visiones optimistas que llaman a no preocuparse y otras que anuncian tiempos de catástrofes sin perjuicio de los intereses creados que subsisten detrás de ellas. Sin embargo, un estudio más sereno y objetivo permite separar la paja del trigo.

El Informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), preparado por 180 científicos y revisado por más de 2.000, presentado en enero de este año en París, permite arrojar mayores luces y mejor evidencia: desde la Revolución Industrial y acelerándose en los últimos 30 años, la temperatura promedio del aire y del mar se ha incrementado y se han agravado las olas de calor. De hecho, 11 de los últimos 12 años se ubicaron entre los más cálidos desde 1850. Han disminuido las capas de nieve y hielo y ha aumentado el nivel del mar. Ha cambiado el régimen de lluvias, generando mayores inundaciones, sequías y huracanes. Y, lo más grave, es que las más serias proyecciones futuras indican que estos peligrosos fenómenos tenderán a agravarse durante este siglo, generando severas y dañinas consecuencias para la vida humana.

Hecha esta constatación, dramáticamente confirmada por la segunda parte del Informe del IPCC que ayer leímos en "El Mercurio" y que demuestra que el 50% de América Latina se verá gravemente afectada por el calentamiento global, cabe hacerse algunas preguntas. ¿Es esto un fenómeno natural o es producto de la acción del hombre? Si el hombre es responsable, ¿cuáles son las acciones humanas que provocan o agravan el problema? ¿Quiénes son los principales responsables? ¿Cuáles serán las consecuencias? ¿Qué podemos hacer para evitar o mitigar esta amenaza?

El Informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático antes citado sube de 66 a 90% la probabilidad de que el principal causante sea el hombre, e identificó a los gases invernadero (quema de combustibles fósiles) y al cambio de uso del suelo (deforestación) como los principales villanos.

Sin duda, los máximos responsables y con mayor capacidad de empezar a implementar soluciones son los países desarrollados, encabezados por Estados Unidos, con casi un 40% de culpa en las emisiones de CO2 (resulta decepcionante que con ese prontuario Estados Unidos aún no haya suscrito el Protocolo de Kioto de 1997, cuyo objetivo es disminuir la producción de gases invernadero, incluyendo el dióxido de carbono (CO2).

Las consecuencias para el mundo, pero especialmente para los países más pobres, pueden ser devastadoras, incluyendo sequías, inundaciones, hambrunas, escasez de agua dulce, olas de calor, reaparición de enfermedades como el dengue, desaparición de especies y otras.

Un reciente estudio encargado por la Conama y realizado por la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile proyecta las posibles consecuencias de este calentamiento global sobre Chile hacia fines de siglo, dividiendo nuestro país en cinco macrozonas: Norte Grande, Norte Chico, Zona Central, Zona Sur y Región Austral. Algunas de las principales conclusiones de este Informe dicen relación con la escasez de agua dulce que podremos sufrir en el futuro y el significativo aumento de las temperaturas en la zona norte de Chile, especialmente en los sectores norte, central y cordillerano.

Es indudable que la conducta humana en los últimos 30 años ha sido irresponsable y temeraria, y que llegó el tiempo de corregir los errores, enmendar rumbo y recuperar el tiempo perdido. Después de todo, la Tierra y la naturaleza son un don de Dios y debiéramos considerarlo no una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos. Ellos no tienen por qué conocer las cordilleras nevadas, los glaciares, los bosques nativos, los ríos cristalinos o los osos polares solamente en los libros de historia. Y esto es una enorme responsabilidad de aquí y ahora.