El escenario actual.
El tema de la energía, tan en boga por estos días, suscita entre todos quienes nos situamos relacionados con esta área un debate de gran intensidad y de posiciones fieramente encontradas en torno a cuales son las mejores opciones que Chile debe tomar.
Lo mejor de esta discución es sin lugar a dudas el hecho de que se pongan en la mesa dichas opciones y que seamos capaces como sociedad de valorarlas, discutirlas y finalmente optar por alguna de ellas de manera informada y conciente.
Lo que resulta irónico es que este debate y la posibilidad de avanzar de mejor manera se lo debamos a la ineficiencia que ha mostrado la concertación en el tema y a los constantes incumplimientos de nuestros "socios comerciales", todo lo que nos ha llevado a que hoy exista un escenario complejo para el abastecimiento de energía en nuestro país.
Alternativas más, alternativas menos.
De las opciones que se han planteado y tomando en cuenta el amplio abanico de posibilidades, creo que aquello que es socialmente más rentable es propender al ahorro de energía. Existen casos paradigmáticos a nivel mundial, como son los de California y Francia, en que el consumo de energía se redujo sin reducir por ello el crecimiento económico.
Estos casos vienen a destruir una falacia que hoy está instalada en el debate. “A mayor crecimiento económico, mayor consumo de energía”. Eso no es necesariamente así en la medida que promovamos las políticas adecuadas para hacer más eficiente el uso de la misma y por ello no debemos caer en el juego de temerle a las políticas de largo plazo por no poder tapar el déficit actual.
Más allá de estas políticas, es menester revisar también de que manera queremos como sociedad que se produzca la energía en Chile.
Desde ya tenemos que tener claro que la mejor opción a largo plazo son sin lugar a dudas las centrales de energías renovables no convencionales, entre las que tenemos las geotérmicas, mareomotrices, eólicas y solares, todas las cuales no han logrado entrar de manera competitiva al mercado en Chile por problemas de regulación y de avances tecnológicos. En cuanto a los avances tecnológicos no me cabe ninguna duda de que estos se producirán en el corto plazo y que con ello tendremos centrales de energías renovables no convencionales más eficientes y rentables. Lo que urge como país entonces es lograr que las regulaciones del mercado de la energía den la señal correcta y con ello facilitemos que esta realidad se concrete.
En el corto plazo, las opciones de centrales de energía hidroeléctrica parecen ser la opción menos dañina. Esto siempre que dichas centrales sean de pasada y no de embalse, ya que como hemos hablado anteriormente las centrales de embalse o de represa tienen un altísimo costo social y ambiental que no es cubierto por las generadoras.
En cuanto a las centrales termoeléctricas en base a hidrocarburos, me parece que debemos descartarlas de plano y comenzar con la retirada de estas de nuestro país en la medida de lo posible. Lo anterior por el alto daño que producen y por la poca seguridad que entregan al abastecimiento, toda vez que nosotros no poseemos los recursos naturales para esto y quedamos a merced de los mercados de hidrocarburos internacionales, los que pareciera que serán cada vez más inestables..
En lo que se refiere a las centrales nucleares, lo importante de este debate es mirarlo en su circunstancia y no como algo aislado. No nos servirá valorar la energía nuclear desde un punto de vista objetivo ya que no guarda relación con la realidad. Así las cosas, debemos decir que la opción de construir centrales nucleares no aparece como la mejor de las opciones, pero tampoco como la peor. Más allá de si es objetivamente más o menos "sustentable" o más o menos "segura" , la energía nuclear parece ser menos dañinas en términos amplios que lo que podría ser represar una infinidad de ríos a lo largo de Chile o volver a las centrales de carbón. Por ello esta opción no debe ser descartada, aunque si muy bien sopesada.
Analizado el escenario, nos queda sólo decir que la responsabilidad de que Chile tome una buena decisión en este sentido pasa en parte por el gobierno y las autoridades políticas y en parte también por la capacidad que tengamos como ciudadanos de informarnos y debatir estos temas. Debemos buscar la solución que mejor sirva a la calidad de vida de todos los chilenos.
Ezio Costa Cordella
Jóvenes Sustentables
miércoles 17 de octubre de 2007
martes 3 de julio de 2007
La protección del medio ambiente desde una postura de centro derecha
Ser de centro derecha y ambientalista implica la conciencia de que es necesario generar herramientas que protejan al medio ambiente, favorezcan a las personas protegiendo sus libertades y que tiendan a empequeñecer al Estado en vez de agrandarlo.
¿Como lograr esto?
El mecanismo principal al que tendremos que acudir es el uso de incentivos, positivos y negativos.
Esos incentivos positivos y negativos servirán dentro de nuestra legislación como pautas o guías de conducta para las personas y para las empresas, sin necesidad de aumentar gastos o burocracias. Aumentamos las posibilidades de que las personas, la sociedad civil y los entes económicos, actúen en pos del bien común y al mismo tiempo, en pos de su bien individual.
Los incentivos tienen que ser económicos en el caso de las empresas ya que es el legítimo ánimo de lucro el que las mueve y sabemos que existiendo un riesgo muy grande o un costo muy alto en asumir cierta conducta, las empresas no la asumirán. Si tenemos una política de Estado en que uno de los pilares sea la protección del medio ambiente y el desarrollo sustentable, probablemente nuestra legislación alejará a las empresas de actividades que como sociedad consideremos peligrosas o dañinas y las acercará a aquellas que estemos dispuestos a tolerar o cuyas externalidades negativas estén totalmente internalizadas.
En el caso de las personas existe un incentivo natural, ético, altruista y de supervivencia de la especie. Lo que falta es educación. La educación ambiental no pasa simplemente por obtener información a través de un folleto, sino por un proceso de concientización de los riesgos y alcances de la contaminación y de las oportunidades que abre tener una política de protección del medio ambiente. Oportunidades económicas, pero sobre todo oportunidades de mejorar su calidad de vida.
En lo que respecta a los incentivos económicos para las personas, estos van ligados a la creación de nuevas fuentes de trabajo y de emprendimiento. Una política nacional de reciclaje a gran escala, por ejemplo, significaría de inmediato la creación de una nueva fuente de ingresos para pequeñas organizaciones que quisieran hacerse cargo de este proceso. Lo mismo en el caso de los incentivos para proteger el bosque nativo, para la generación de electricidad a partir de pequeñas centrales hidroeléctricas locales, para la producción de alimentos libres de pesticidas, etc.
El desafío de quienes nos consideremos ambientalistas y de centro derecha es ir un paso más allá, buscando soluciones creativas y útiles y allananando un camino en que la protección del medio ambiente y la mejora en la calidad de vida de las personas vayan de la mano.
Ezio Costa Cordella
Jóvenes Sustentables, RN
¿Como lograr esto?
El mecanismo principal al que tendremos que acudir es el uso de incentivos, positivos y negativos.
Esos incentivos positivos y negativos servirán dentro de nuestra legislación como pautas o guías de conducta para las personas y para las empresas, sin necesidad de aumentar gastos o burocracias. Aumentamos las posibilidades de que las personas, la sociedad civil y los entes económicos, actúen en pos del bien común y al mismo tiempo, en pos de su bien individual.
Los incentivos tienen que ser económicos en el caso de las empresas ya que es el legítimo ánimo de lucro el que las mueve y sabemos que existiendo un riesgo muy grande o un costo muy alto en asumir cierta conducta, las empresas no la asumirán. Si tenemos una política de Estado en que uno de los pilares sea la protección del medio ambiente y el desarrollo sustentable, probablemente nuestra legislación alejará a las empresas de actividades que como sociedad consideremos peligrosas o dañinas y las acercará a aquellas que estemos dispuestos a tolerar o cuyas externalidades negativas estén totalmente internalizadas.
En el caso de las personas existe un incentivo natural, ético, altruista y de supervivencia de la especie. Lo que falta es educación. La educación ambiental no pasa simplemente por obtener información a través de un folleto, sino por un proceso de concientización de los riesgos y alcances de la contaminación y de las oportunidades que abre tener una política de protección del medio ambiente. Oportunidades económicas, pero sobre todo oportunidades de mejorar su calidad de vida.
En lo que respecta a los incentivos económicos para las personas, estos van ligados a la creación de nuevas fuentes de trabajo y de emprendimiento. Una política nacional de reciclaje a gran escala, por ejemplo, significaría de inmediato la creación de una nueva fuente de ingresos para pequeñas organizaciones que quisieran hacerse cargo de este proceso. Lo mismo en el caso de los incentivos para proteger el bosque nativo, para la generación de electricidad a partir de pequeñas centrales hidroeléctricas locales, para la producción de alimentos libres de pesticidas, etc.
El desafío de quienes nos consideremos ambientalistas y de centro derecha es ir un paso más allá, buscando soluciones creativas y útiles y allananando un camino en que la protección del medio ambiente y la mejora en la calidad de vida de las personas vayan de la mano.
Ezio Costa Cordella
Jóvenes Sustentables, RN
¿Recomendaciones del CNE?

El Consejo Nacional de Energía (CNE) , organismo del Estado encargado de las políticas energéticas, “recomienda” al Tribunal de Defensa de la Libre Competencia (TDLC), tribunal especial e independiente encargado de conocer las materias de libre competencia, que acepte el acuerdo entre Endesa y Colbún para construir centrales hidroeléctricas en Aysén, por consideraciones de política energética.
Me surgen de inmediato algunos reparos que quisiera compartir:
1- Existiendo en Chile separación de poderes. ¿Es correcto que un organismo del poder ejecutivo como es el CNE se inmiscuya en los asuntos de uno del poder judicial, como es el caso del TDLC?
2- Si el TDLC debe fallar en derecho las causas puestas en su conocimiento. ¿Cuál es la utilidad de las consideraciones políticas que el CNE aporta al caso en cuestión?
3- Si las empresas generadoras de energía saben que llegado el momento en que nos avecinamos a una crisis, serán apoyadas por los organismos políticos y por tanto podrán realizar inversiones de manera mucho más fácil y rentable. ¿Hay algún incentivo para que realicen dichas inversiones previamente y aseguren el abastecimiento? , ¿o preferirán llegar a los escenarios límite?
4- ¿Alguien se va a extrañar cuando las centrales de Aysén se construyan a pesar de que pase lo que pase y se oponga quien se oponga con los argumentos que sea?
5- ¿Alguien se va a extrañar si después se produce un desastre por lo dicho anteriormente?
Me surgen de inmediato algunos reparos que quisiera compartir:
1- Existiendo en Chile separación de poderes. ¿Es correcto que un organismo del poder ejecutivo como es el CNE se inmiscuya en los asuntos de uno del poder judicial, como es el caso del TDLC?
2- Si el TDLC debe fallar en derecho las causas puestas en su conocimiento. ¿Cuál es la utilidad de las consideraciones políticas que el CNE aporta al caso en cuestión?
3- Si las empresas generadoras de energía saben que llegado el momento en que nos avecinamos a una crisis, serán apoyadas por los organismos políticos y por tanto podrán realizar inversiones de manera mucho más fácil y rentable. ¿Hay algún incentivo para que realicen dichas inversiones previamente y aseguren el abastecimiento? , ¿o preferirán llegar a los escenarios límite?
4- ¿Alguien se va a extrañar cuando las centrales de Aysén se construyan a pesar de que pase lo que pase y se oponga quien se oponga con los argumentos que sea?
5- ¿Alguien se va a extrañar si después se produce un desastre por lo dicho anteriormente?
Ezio Costa Cordella
Jóvenes Sustentables, RN
Los riesgos de la energía hidroeléctrica

En una entrevista reproducida por un medio escrito de circulación nacional el jueves 7 de junio, don Ricardo Lagos Escobar se refirió a su rol como enviado especial de la ONU para el cambio climático y dijo: “Chile tiene una gran ventaja: la mitad, el 55% de su energía, es no contaminante porque es hidroeléctrica, que es la energía más limpia que puede haber en el mundo”. Tal afirmación es una falacia, pues cuando la energía eléctrica es producida por grandes centrales de acopio, como las que alimentan principalmente al Sistema Interconectado Central, produce un impacto ambiental enorme. Es la única que antes de producir el primer kilovatio, ya destruyó el ecosistema en que se emplaza.
Los efectos de las grandes centrales de acopio son, entre otros, la pérdida de la biodiversidad, la interrupción de los ciclos naturales en los ecosistemas en que se instalan, el aislamiento o la pérdida de hábitat de las especies nativas, la contaminación, aguas abajo, del cauce y las riberas del río donde se emplaza, la producción de cambios climáticos a nivel local y la pérdida de medios de sustento o modos de vida de las personas que habitan en las cercanías.
En cuanto al cambio climático, tema respecto al cual nuestro ex Presidente ha aceptado desempeñarse para la ONU, los estudios de la Comisión Mundial de Represas (WCD por su sigla en inglés), demuestran que la contribución de las centrales de represa al calentamiento global es notable, e incluso se afirma que ellas podrían ser las productoras de más del 20% de las emisiones globales de gases invernadero. Esto va de la mano de dos factores. El primero dice relación con la pérdida de grandes extensiones de bosques, dado que los árboles son los catalizadores naturales de los gases, pero ellos se pierden, hundidos bajo las aguas. El segundo factor dice relación con la enorme cantidad de metano, dióxido de carbono y otros gases que son producidos por el proceso de descomposición de la biomasa que queda sumergida.
La gran ventaja a la que alude el señor Lagos no es tal. La gran ventaja que tiene nuestro país es que todavía puede enmendar el rumbo y que aún estamos a tiempo de potenciar la explotación de otros tipos de energía que sí son amigables con el medio ambiente como son la energía eólica, mareomotriz, solar o hidroeléctrica de centrales de pasada.
Ezio Costa Cordella
Jóvenes Sustentables, RN
martes 24 de abril de 2007
¡TERREMOTO Y MAREMOTO EN AYSÉN!
La región de Aisén es una zona con baja frecuencia de eventos telúricos comparada con el resto del país, pero posee una importante presencia de actividad volcánica, como es el caso del volcán Hudson, cuya última gran erupción producida en 1991 fue la segunda más violenta en la historia vulcanológica nacional. La zona geológicamente es atravesada por la falla Liquiñe-Ofqui, que nace en la triple unión de las placas Sudamericana, de Nazca y Antártica, ubicada cerca de la Península de Taitao.Desde el 23 de enero de 2007, una serie de temblores de IV grados en la escala de Mercalli y uno de 5,3º en la escala de Richter comenzaron a afectar la región de Puerto Aisén y Puerto Chacabuco. Algunas personas sintieron olor a azufre, lo que generó especulaciones de una nueva erupción del Hudson. Los expertos descartaron rápidamente la posibilidad de un evento volcánico, pero la seguidilla de temblores continuó: en menos de un mes se registraron cerca de 950 sismos perceptibles por la población y uno de estos, de grado VI según Mercalli, habría comenzado a acentuar el pánico en los habitantes. Ante dicha situación, el gobierno envió un grupo de especialistas de SERNAGEOMIN durante febrero de 2007 a estudiar el origen del enjambre telúrico. Estos especialistas entregarían un informe en el que se detectaba una alta actividad magmática a menos de 9 kilómetros de profundidad en la corteza terrestre, bajo el fiordo Aisén a 20 kms de distancia de Puerto Chacabuco. En ese punto, de acuerdo a los estudios, se estaría gestando un volcán submarino cuya erupción sería un hecho científicamente novedoso y único debido a sus características.
La serie de eventos telúricos se mantuvo durante los meses siguientes y comenzó a acentuarse nuevamente en abril de 2007.
Cronología de la actividad sísmica en Aisén en 2007:
22 de enero: Primer movimiento sísmico con intensidad II en la escala de Mercalli.
23 de enero: Segundo sismo, grado V en la escala de Mercalli.
24 de enero: Prosiguen los temblores. La Onemi declara estado de Alerta Temprana.
27 de enero: Se contabilizan alrededor de 100 temblores en seis días.
30 de enero: ONEMI afirma que el epicentro es submarino y que se encuentra en el fiordo de Aisén.
1 y 2 de abril: Dos nuevos temblores, de VIII grados en la escala de Mercalli.
19 de abril: Sismo de grado VI en la escala de Mercalli.
21 de abril: El mayor sismo hasta ahora, de grado VIII Mercalli.
Características del sismo
Mapa de intensidades del terremoto, confeccionado por la USGS (Ver Imágen Principal).
El sismo ocurrió a las 13:53:47 hora local (UTC-4) y tuvo una magnitud de 6,2º en la escala sismológica de Richter. El epicentro se ubicó en las coordenadas 45.266° S 72.496° O, cerca de 20 kilómetros al noreste de Puerto Aisén y 45 kilómetros al noroeste de Coihaique, la capital regional. El hipocentro tuvo una profundidad de 38,1 kilómetros.
La intensidad en la escala de Mercalli según la ONEMI fue la siguiente en diversas localidades:
Puerto Aisén: VII
Puerto Chacabuco: VII
Coihaique: VI
Balmaceda: V
Cochrane: IV
Efectos
El terremoto provocó conmoción en las diferentes ciudades de la región. En las localidades no se presentaron situaciones graves y se reportó una alta concurrencia a centros asistenciales, por lo que fueron reforzadas la posta de Puerto Chacabuco y el Hospital de Aisén. En el cerro Marchant, localizado en esta última ciudad, se produjeron derrumbes que afectaron a dos viviendas, mientras que en el sector Aguas Muertas de la misma ciudad, cayeron 3 postes del tendido eléctrico. Los servicios eléctrico y de agua potable sufrieron cortes en algunas ciudades, los que serían repuestos en las horas siguientes. El Puente Presidente Ibáñez sobre el río Aisén habría presentado algunos problemas, los que serían corregidos rápidamente.
Los grandes problemas se produjeron en la zona costera adyacente al fiordo. El sismo sumado al derrumbe de algunos cerros costeros provocó marejadas que superaron los 6 metros de altura, arrasando con diversas viviendas aledañas en la zona de Punta Tortuga. Aunque más de 50 trabajadores pesqueros lograron ser evacuados en embarcaciones, 10 personas se encontraban desaparecidas al anochecer, algunas de las cuales fueron arrastradas por las olas. Dicha situación habría sido presenciada por algunos medios de comunicación, el alcalde de la ciudad y su comitiva, dentro de la cual estaban dos de los arrastrados.
Al día siguiente, con apoyo de Carabineros y el Ejército, se iniciaron las labores de búsqueda de los desaparecidos. Hasta el momento, se ha reportado que 5 cadáveres han sido encontrados.
La Presidenta Michelle Bachelet arribó a la zona de catástrofe al mediodía del 22 de abril, junto al ministro del Interior, la directora de ONEMI y el director general de Carabineros. En el aeródromo de Puerto Aisén fue recibida por una manifestación liderada por el alcalde de la ciudad, Óscar Catalán. Producto de incidentes durante la manifestación, el alcalde fue detenido por Carabineros, siendo liberado algunas horas después. La mandataria anunció un plan de acción para poder ayudar a las víctimas del terremoto, entre las que se encuentran reforzar las labores de los centros asistenciales de salud y apoyo a los pescadores artesanales a través de la Subsecretaría de Pesca.
domingo 8 de abril de 2007
Calentamiento global: Mitos y realidades.

Opinión de Sebastián Piñera:
Años atrás, la revista "Times" publicó un reportaje de portada titulado "Salvemos al Planeta Tierra". Me pareció un título presuntuoso y que inducía a un error. Lo que está en riesgo no es el planeta Tierra, que en sus cuatro mil 600 millones de años de vida ha resistido todo tipo de catástrofes y amenazas: meteoritos, glaciaciones, terremotos, calentamientos, diluvios, etcétera. Lo que realmente está en peligro es la supervivencia del ser humano, que todavía no cumple dos millones de años de existencia, y desde ese punto de vista, es un recién llegado. De hecho, casi el 99% de las especies que alguna vez han existido ya no están. La pregunta es si el hombre se va a incorporar a esa inmensa mayoría que no supo o no pudo sobrevivir.
Es cierto que a primera vista la evidencia sobre los efectos del calentamiento global parece confusa. Existen visiones optimistas que llaman a no preocuparse y otras que anuncian tiempos de catástrofes sin perjuicio de los intereses creados que subsisten detrás de ellas. Sin embargo, un estudio más sereno y objetivo permite separar la paja del trigo.
El Informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), preparado por 180 científicos y revisado por más de 2.000, presentado en enero de este año en París, permite arrojar mayores luces y mejor evidencia: desde la Revolución Industrial y acelerándose en los últimos 30 años, la temperatura promedio del aire y del mar se ha incrementado y se han agravado las olas de calor. De hecho, 11 de los últimos 12 años se ubicaron entre los más cálidos desde 1850. Han disminuido las capas de nieve y hielo y ha aumentado el nivel del mar. Ha cambiado el régimen de lluvias, generando mayores inundaciones, sequías y huracanes. Y, lo más grave, es que las más serias proyecciones futuras indican que estos peligrosos fenómenos tenderán a agravarse durante este siglo, generando severas y dañinas consecuencias para la vida humana.
Hecha esta constatación, dramáticamente confirmada por la segunda parte del Informe del IPCC que ayer leímos en "El Mercurio" y que demuestra que el 50% de América Latina se verá gravemente afectada por el calentamiento global, cabe hacerse algunas preguntas. ¿Es esto un fenómeno natural o es producto de la acción del hombre? Si el hombre es responsable, ¿cuáles son las acciones humanas que provocan o agravan el problema? ¿Quiénes son los principales responsables? ¿Cuáles serán las consecuencias? ¿Qué podemos hacer para evitar o mitigar esta amenaza?
El Informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático antes citado sube de 66 a 90% la probabilidad de que el principal causante sea el hombre, e identificó a los gases invernadero (quema de combustibles fósiles) y al cambio de uso del suelo (deforestación) como los principales villanos.
Sin duda, los máximos responsables y con mayor capacidad de empezar a implementar soluciones son los países desarrollados, encabezados por Estados Unidos, con casi un 40% de culpa en las emisiones de CO2 (resulta decepcionante que con ese prontuario Estados Unidos aún no haya suscrito el Protocolo de Kioto de 1997, cuyo objetivo es disminuir la producción de gases invernadero, incluyendo el dióxido de carbono (CO2).
Las consecuencias para el mundo, pero especialmente para los países más pobres, pueden ser devastadoras, incluyendo sequías, inundaciones, hambrunas, escasez de agua dulce, olas de calor, reaparición de enfermedades como el dengue, desaparición de especies y otras.
Un reciente estudio encargado por la Conama y realizado por la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile proyecta las posibles consecuencias de este calentamiento global sobre Chile hacia fines de siglo, dividiendo nuestro país en cinco macrozonas: Norte Grande, Norte Chico, Zona Central, Zona Sur y Región Austral. Algunas de las principales conclusiones de este Informe dicen relación con la escasez de agua dulce que podremos sufrir en el futuro y el significativo aumento de las temperaturas en la zona norte de Chile, especialmente en los sectores norte, central y cordillerano.
Es indudable que la conducta humana en los últimos 30 años ha sido irresponsable y temeraria, y que llegó el tiempo de corregir los errores, enmendar rumbo y recuperar el tiempo perdido. Después de todo, la Tierra y la naturaleza son un don de Dios y debiéramos considerarlo no una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos. Ellos no tienen por qué conocer las cordilleras nevadas, los glaciares, los bosques nativos, los ríos cristalinos o los osos polares solamente en los libros de historia. Y esto es una enorme responsabilidad de aquí y ahora.
Es cierto que a primera vista la evidencia sobre los efectos del calentamiento global parece confusa. Existen visiones optimistas que llaman a no preocuparse y otras que anuncian tiempos de catástrofes sin perjuicio de los intereses creados que subsisten detrás de ellas. Sin embargo, un estudio más sereno y objetivo permite separar la paja del trigo.
El Informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), preparado por 180 científicos y revisado por más de 2.000, presentado en enero de este año en París, permite arrojar mayores luces y mejor evidencia: desde la Revolución Industrial y acelerándose en los últimos 30 años, la temperatura promedio del aire y del mar se ha incrementado y se han agravado las olas de calor. De hecho, 11 de los últimos 12 años se ubicaron entre los más cálidos desde 1850. Han disminuido las capas de nieve y hielo y ha aumentado el nivel del mar. Ha cambiado el régimen de lluvias, generando mayores inundaciones, sequías y huracanes. Y, lo más grave, es que las más serias proyecciones futuras indican que estos peligrosos fenómenos tenderán a agravarse durante este siglo, generando severas y dañinas consecuencias para la vida humana.
Hecha esta constatación, dramáticamente confirmada por la segunda parte del Informe del IPCC que ayer leímos en "El Mercurio" y que demuestra que el 50% de América Latina se verá gravemente afectada por el calentamiento global, cabe hacerse algunas preguntas. ¿Es esto un fenómeno natural o es producto de la acción del hombre? Si el hombre es responsable, ¿cuáles son las acciones humanas que provocan o agravan el problema? ¿Quiénes son los principales responsables? ¿Cuáles serán las consecuencias? ¿Qué podemos hacer para evitar o mitigar esta amenaza?
El Informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático antes citado sube de 66 a 90% la probabilidad de que el principal causante sea el hombre, e identificó a los gases invernadero (quema de combustibles fósiles) y al cambio de uso del suelo (deforestación) como los principales villanos.
Sin duda, los máximos responsables y con mayor capacidad de empezar a implementar soluciones son los países desarrollados, encabezados por Estados Unidos, con casi un 40% de culpa en las emisiones de CO2 (resulta decepcionante que con ese prontuario Estados Unidos aún no haya suscrito el Protocolo de Kioto de 1997, cuyo objetivo es disminuir la producción de gases invernadero, incluyendo el dióxido de carbono (CO2).
Las consecuencias para el mundo, pero especialmente para los países más pobres, pueden ser devastadoras, incluyendo sequías, inundaciones, hambrunas, escasez de agua dulce, olas de calor, reaparición de enfermedades como el dengue, desaparición de especies y otras.
Un reciente estudio encargado por la Conama y realizado por la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile proyecta las posibles consecuencias de este calentamiento global sobre Chile hacia fines de siglo, dividiendo nuestro país en cinco macrozonas: Norte Grande, Norte Chico, Zona Central, Zona Sur y Región Austral. Algunas de las principales conclusiones de este Informe dicen relación con la escasez de agua dulce que podremos sufrir en el futuro y el significativo aumento de las temperaturas en la zona norte de Chile, especialmente en los sectores norte, central y cordillerano.
Es indudable que la conducta humana en los últimos 30 años ha sido irresponsable y temeraria, y que llegó el tiempo de corregir los errores, enmendar rumbo y recuperar el tiempo perdido. Después de todo, la Tierra y la naturaleza son un don de Dios y debiéramos considerarlo no una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos. Ellos no tienen por qué conocer las cordilleras nevadas, los glaciares, los bosques nativos, los ríos cristalinos o los osos polares solamente en los libros de historia. Y esto es una enorme responsabilidad de aquí y ahora.
sábado 31 de marzo de 2007
ENERGÍA NUCLEAR EN CHILE...¡NO GRACIAS!

Se ha instalado en nuestro país el debate sobre la energía nuclear a partir de declaraciones y actuaciones de diversos actores políticos, quienes desde todos los sectores han presionado al Gobierno para que inicie estudios sobre su factibilidad, lo que en definitiva derivó en la designación por el Ejecutivo de un grupo de expertos que elaborarán un informe general sobre su viabilidad.
Se trata de un resultado modesto para los partidarios de la energía nuclear, cuya generación constituye un negocio multimillonario que está en serio peligro, ya que la tendencia mundial es a reducir sustantivamente este tipo de centrales, como ocurre en Alemania, Canadá y España.
Ante este panorama, el transversal movimiento pro nuclear local ha empezado a esbozar algunos de los argumentos que internacionalmente las empresas generadoras han esgrimido en el último tiempo para tratar de resucitar su negocio: la energía nuclear sería limpia, barata y renovable. Sin embargo, los datos que existen demuestran todo lo contrario.
Se sostiene que la energía nuclear no emite gases de efecto invernadero, por lo que ayudaría a enfrentar el fenómeno del cambio climático; no obstante, el Oko Institute de Alemania y la Agencia Internacional de Energía de Naciones Unidas concluyeron que si se considera el ciclo completo de producción de energía nuclear, incluida la minería del uranio y los procesos de enriquecimiento, transporte y desmantelamiento, ella genera una cantidad considerable de CO2 por KW/hora producido. Es más, si la producción se realiza a partir de minerales de bajo contenido en uranio, pueden generar más gases de efecto invernadero que una central térmica de ciclo combinado de igual potencia.
El movimiento pro nuclear trata sistemáticamente de ocultar a la opinión pública que las centrales producen desechos que generan radiactividad durante siglos, entre los que destaca el plutonio 239, elemento que no se encuentra en la naturaleza, y que puede causar cáncer a más de un millón de personas y emitir radiactividad por más de 250 mil años, es decir, 50 veces la historia registrada del hombre sobre el planeta. Asimismo, al concluir el ciclo de vida de una central, estimado en un máximo de 50 años, ella deja entre su herencia tóxica el níquel 59, sustancia que se encuentra en el núcleo de los reactores, y tiene una vida radiactiva media estimada, a lo menos, de 80 mil años.
Cuando se afirma que es una energía de bajo costo, se omiten los gastos relacionados con el manejo de los desechos tóxicos derivados de su producción, los que se extienden por varios siglos. Además, la experiencia internacional demuestra que la construcción y operación de estas centrales son caras, por lo que deben recibir onerosos subsidios estatales.
No se trata de una energía renovable, ya que el mineral necesario para su producción, el uranio, se hace cada vez más escaso, sin considerar que su extracción es altamente contaminante.
Chile tiene un enorme potencial, equivalente a varias veces su capacidad instalada, para el desarrollo de energías limpias y renovables, tales como la geotérmica, eólica, mareomotriz, solar, bioenergía e hidroeléctrica, a partir del aprovechamiento de las caídas de agua entre los mil y quinientos metros sobre el nivel del mar, es decir, sin inundar ninguno de los escasos y valiosos valles que tenemos en nuestro país de montaña, además de centrales de pasada y de bajas áreas de inundación. Éstas resultan ser privada y socialmente más económicas que las nucleares. En este contexto, la decisión sobre la opción nuclear alcanza su real dimensión, que va mucho más allá de lo meramente técnico: ¿Es políticamente acertado y éticamente aceptable que en vez de invertir en nuestras abundantes energías limpias y renovables lo hagamos en centrales nucleares que no durarán más de 50 años y que dejarán desechos cuya letal radiactividad perdurará durante miles de años?
De nuestra respuesta no sólo dependerá nuestro futuro, sino que también el de las próximas generaciones.
Se trata de un resultado modesto para los partidarios de la energía nuclear, cuya generación constituye un negocio multimillonario que está en serio peligro, ya que la tendencia mundial es a reducir sustantivamente este tipo de centrales, como ocurre en Alemania, Canadá y España.
Ante este panorama, el transversal movimiento pro nuclear local ha empezado a esbozar algunos de los argumentos que internacionalmente las empresas generadoras han esgrimido en el último tiempo para tratar de resucitar su negocio: la energía nuclear sería limpia, barata y renovable. Sin embargo, los datos que existen demuestran todo lo contrario.
Se sostiene que la energía nuclear no emite gases de efecto invernadero, por lo que ayudaría a enfrentar el fenómeno del cambio climático; no obstante, el Oko Institute de Alemania y la Agencia Internacional de Energía de Naciones Unidas concluyeron que si se considera el ciclo completo de producción de energía nuclear, incluida la minería del uranio y los procesos de enriquecimiento, transporte y desmantelamiento, ella genera una cantidad considerable de CO2 por KW/hora producido. Es más, si la producción se realiza a partir de minerales de bajo contenido en uranio, pueden generar más gases de efecto invernadero que una central térmica de ciclo combinado de igual potencia.
El movimiento pro nuclear trata sistemáticamente de ocultar a la opinión pública que las centrales producen desechos que generan radiactividad durante siglos, entre los que destaca el plutonio 239, elemento que no se encuentra en la naturaleza, y que puede causar cáncer a más de un millón de personas y emitir radiactividad por más de 250 mil años, es decir, 50 veces la historia registrada del hombre sobre el planeta. Asimismo, al concluir el ciclo de vida de una central, estimado en un máximo de 50 años, ella deja entre su herencia tóxica el níquel 59, sustancia que se encuentra en el núcleo de los reactores, y tiene una vida radiactiva media estimada, a lo menos, de 80 mil años.
Cuando se afirma que es una energía de bajo costo, se omiten los gastos relacionados con el manejo de los desechos tóxicos derivados de su producción, los que se extienden por varios siglos. Además, la experiencia internacional demuestra que la construcción y operación de estas centrales son caras, por lo que deben recibir onerosos subsidios estatales.
No se trata de una energía renovable, ya que el mineral necesario para su producción, el uranio, se hace cada vez más escaso, sin considerar que su extracción es altamente contaminante.
Chile tiene un enorme potencial, equivalente a varias veces su capacidad instalada, para el desarrollo de energías limpias y renovables, tales como la geotérmica, eólica, mareomotriz, solar, bioenergía e hidroeléctrica, a partir del aprovechamiento de las caídas de agua entre los mil y quinientos metros sobre el nivel del mar, es decir, sin inundar ninguno de los escasos y valiosos valles que tenemos en nuestro país de montaña, además de centrales de pasada y de bajas áreas de inundación. Éstas resultan ser privada y socialmente más económicas que las nucleares. En este contexto, la decisión sobre la opción nuclear alcanza su real dimensión, que va mucho más allá de lo meramente técnico: ¿Es políticamente acertado y éticamente aceptable que en vez de invertir en nuestras abundantes energías limpias y renovables lo hagamos en centrales nucleares que no durarán más de 50 años y que dejarán desechos cuya letal radiactividad perdurará durante miles de años?
De nuestra respuesta no sólo dependerá nuestro futuro, sino que también el de las próximas generaciones.
Antonio Horvath, Senador RN.
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